
Bad Bunny llevó el español y la identidad latinoamericana al centro del Super Bowl 2026
El show de medio tiempo del Super Bowl 2026 combinó música, símbolos culturales y un mensaje político-cultural que volvió a poner en discusión la identidad latina en Estados Unidos.
El show de medio tiempo del Super Bowl 2026 no fue solo un espectáculo musical. La presentación encabezada por Bad Bunny marcó un punto de inflexión al instalar el idioma español, la cultura puertorriqueña y una narrativa latinoamericana en uno de los escenarios más tradicionales y masivos del entretenimiento estadounidense.
La puesta en escena recreó una geografía simbólica entre el Viejo San Juan y Nueva York, con palmeras, cañas de azúcar y azoteas urbanas que remitieron a los barrios latinos del país. Espacios como una barbería, una licorería y la emblemática “Casita” funcionaron como símbolos de pertenencia y memoria colectiva. Todo el espectáculo fue conducido íntegramente en español, un hecho inédito en los más de 60 años de historia del Super Bowl.
A lo largo de la actuación, la estética caribeña contrastó deliberadamente con los códigos habituales del evento deportivo. La presencia de invitados como Lady Gaga, quien interpretó Die with a Smile en versión salsera junto a músicos puertorriqueños, y Ricky Martin reforzó el carácter transversal del mensaje, cruzando generaciones, géneros musicales y públicos. También participaron figuras del espectáculo como Pedro Pascal, Karol G y Jessica Alba.
En términos musicales, el show tuvo una duración aproximada de 13 minutos, el estándar del halftime show, e incluyó un recorrido por distintas etapas del repertorio del artista. Sonaron canciones como Tití me preguntó y Yo perreo sola, junto a un segmento dedicado al reguetón clásico, con referencias explícitas a La gasolina, de Daddy Yankee, y Dale Don dale, de Don Omar. Durante ese tramo, las pantallas del estadio repitieron una palabra en mayúsculas: “PERREO”.
El cierre del espectáculo condensó buena parte del mensaje político-cultural. Rodeado por un cuerpo de baile que portaba las banderas de todos los países del continente americano, mientras el cantante enumeraba sus nombres, Bad Bunny reservó para sí la de Puerto Rico. Con DtMF como fondo musical, tomó nuevamente un balón de fútbol americano, exclamó “Seguimos aquí” y simuló un touchdown, en una escena cargada de simbolismo identitario.
El impacto del show trascendió lo artístico. En un contexto político marcado por discursos restrictivos hacia la inmigración latinoamericana y la oficialización del inglés como idioma nacional, la elección del español y la exaltación de la identidad latina fueron leídas como un gesto explícito. No casualmente, el entonces presidente Donald Trump calificó la presentación como “terrible”, mientras millones de espectadores asistían a uno de los momentos más comentados del entretenimiento global reciente.
Durante algunos minutos, el Super Bowl dejó de ser solo un evento deportivo para convertirse en un espacio de disputa simbólica y cultural. Y esa irrupción, amplificada por una audiencia global estimada en más de 110 millones de personas, volvió a poner en discusión los límites del canon cultural dominante en Estados Unidos y el lugar que ocupa América Latina dentro de ese relato.