
Cada 45 minutos cierra una pyme en Argentina: el colapso silencioso que nadie mira
Bajo una crisis económica que se profundiza, el sector pyme denuncia un «genocidio empresarial» impulsado por políticas que privilegian al capital extranjero y a los grandes grupos. Advierten que, sin
Bajo una crisis económica que se profundiza, el sector pyme denuncia un «genocidio empresarial» impulsado por políticas que privilegian al capital extranjero y a los grandes grupos. Advierten que, sin un cambio de rumbo, el desempleo y la recesión se agudizarán.
En Argentina, el corazón productivo se detiene a un ritmo alarmante: 40 pymes cierran por día, una cada 45 minutos. Detrás de cada una hay familias, empleos que desaparecen y un tejido social que se desmorona. Leo Bilanski, presidente de la Asociación de Empresarios Nacionales para el Desarrollo (ENAC), no duda en calificar la situación como un «plan deliberado de destrucción del capital nacional» y señala con crudeza: «Los únicos que ganan son los bancos, Caputo, las petroleras y cinco agroexportadores».
La industria pyme opera al 55% de su capacidad, niveles comparables a los de la pandemia, mientras el 28% apenas logra rentabilidad. «No hacemos empresas para asistencia social; si no ganamos, cerramos», afirma Bilanski. Sin embargo, el crédito es inaccesible: los bancos prefieren prestarle al Estado a tasas usurarias antes que arriesgarse con emprendimientos locales.
El silencio de los medios y la política
Mientras grandes empresas como Coca-Cola o Unilever acaparan titulares con despidos masivos, la caída sistemática de las pymes pasa inadvertida. «Somos el 70% del empleo, pero no existimos para la agenda pública», denuncia Bilanski. Critica la complicidad de cámaras empresariales como la UIA o CAME, a las que acusa de avalar políticas que benefician a «los mismos de siempre»: «Si las pymes de Tierra del Fuego quiebran, que les reclamen a sus dirigentes, que apoyan este ajuste».
En provincias como Córdoba o Mendoza, tradicionalmente prósperas, la realidad no es distinta. «En Salta, el 30% de las empresas turísticas están al borde del cierre», ejemplifica. El modelo, insiste, solo favorece a quienes controlan recursos estratégicos: petroleras, agroexportadores y financistas.
Emergencia pyme: un grito desoído
Bilanski exige que gobiernos provinciales declaren la emergencia pyme, pero la respuesta es el vacío. «Los intendentes cobran con nuestros impuestos, pero cuando quebramos ni siquiera nos dicen ‘lo siento’», reclama. Anuncia que el 16 de agosto, Día del Empresario Nacional, movilizarán para visibilizar el drama.
Sobre el veto a los aumentos jubilatorios, arremete: «Es indignante que usen a las pymes como excusa para ajustar a los abuelos». Y lanza una advertencia: «Esto no se resuelve con elecciones. Si la política no reacciona, la gente tendrá que salir a cortar cabezas».
Mientras tanto, el reloj sigue corriendo. En los próximos 45 minutos, otra pyme habrá cerrado sus puertas.