
"Dólar barato y tensión cambiaria: el frágil equilibrio del Gobierno frente a las elecciones"
La fuga de divisas por turismo y el desvanecimiento del superávit comercial exponen los riesgos de una estrategia cambiaria que busca contener la inflación de cara a octubre.
El creciente drenaje de dólares hacia el exterior, sumado a la erosión del saldo positivo en el comercio internacional, ha puesto en evidencia la apuesta oficial por un tipo de cambio bajo como herramienta para llegar a las elecciones legislativas con una inflación bajo control. Lo que comenzó como un titular en los medios se transformó rápidamente en el centro de discusiones en los círculos del poder económico, donde pocos creen que la calma cambiaria sobreviva más allá de los comicios.
En distintos ámbitos —desde la celebración anticipada del 4 de julio en la Embajada de Estados Unidos hasta un encuentro de inversores del Banco Galicia—, la inquietud por un dólar artificialmente quieto fue un denominador común. Incluso un informe de JP Morgan instó a "dar un paso atrás" en la exposición a Argentina, anticipando turbulencias cambiarias postelectorales.
Voces críticas y señales de alarma
La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner sumó su advertencia: en apenas 45 días, el 44% de los USD 12.000 millones desembolsados por el FMI en abril habrían salido del país. Mientras tanto, en los pasillos del Palacio Bosch, sede de la embajada estadounidense, empresarios intercambiaban preocupaciones entre canapés. "Argentina está cara, el plan no es claro", murmuraban algunos. La austeridad del evento —con un 40% menos de invitados y un menú recortado— reflejó los tiempos de ajuste.
El ministro de Economía, Luis Caputo, evitó precisiones sobre el futuro cambiario. "No es el momento", repetía ante las preguntas de diplomáticos, mientras el déficit por la brecha cambiaria ya ronda los USD 5.000 millones, cifra cercana a los ingresos por Vaca Muerta.
Bancos en alerta
En un seminario organizado por el Banco Galicia, el vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, restó importancia a la salida de divisas, pero los inversores presentes no compartieron su optimismo. "Este tipo de cambio llega sufriendo a octubre y luego se derrumba", resumió un asistente. Fabián Kon, CEO de la entidad, admitió que la recuperación económica es desigual y dependiente de sectores como la energía, mientras cuestionó el impacto de los costos fijos en el poder adquisitivo.
JP Morgan fue más contundente: en un informe titulado "Argentina: Tomarse un respiro", advirtió que el flujo negativo de dólares por turismo se agudizará en vacaciones de invierno, presionando aún más el esquema actual. El banco, cuyos ex empleados hoy ocupan cargos clave en el Gobierno, señaló que el pico de liquidación de exportaciones agropecuarias —que sostiene las reservas— pronto desaparecerá, agravando el escenario.
La incógnita postelectoral
En paralelo, Libertad Avanza intensificó su recaudación para la campaña legislativa. En un evento en el Yacht Club de Puerto Madero, empresarios aportaron desde $8 millones por persona, aunque en pesos —"en dólares ya no se puede", admitió un participante—. La presencia de figuras como Manuel Santos Uribelarrea Duhau y Enrique Duhau evidenció el apoyo de sectores agropecuarios, aunque muchos buscaban en vano señales claras sobre el rumbo económico.
Mientras el Gobierno insiste en que no habrá "más inflación" tras octubre, sus aliados más pragmáticos ya especulan con una "nueva etapa del plan": un eufemismo para evitar la palabra devaluación. La pregunta que flota en el aire es cuánto más podrá sostenerse este equilibrio inestable antes de que el mercado imponga su propia respuesta.