Generales Escuchar artículo

El FMI Forzó una Devaluación del 30%: El Gobierno Cediò ante la Presión y se Avecina un Rebrote Inflacionario

En medio de tensiones y exigencias del organismo multilateral, el equipo económico aceptó fijar el dólar en $1400, pese al riesgo de acelerar la inflación y complicar el panorama político.

El FMI Forzó una Devaluación del 30%: El Gobierno Cediò ante la Presión y se Avecina un Rebrote Inflacionario

En medio de tensiones y exigencias del organismo multilateral, el equipo económico aceptó fijar el dólar en $1400, pese al riesgo de acelerar la inflación y complicar el panorama político.

Una pulseada desigual: el FMI impuso condiciones y el Gobierno acató

Desde hace meses, el diálogo entre el Gobierno nacional y el Fondo Monetario Internacional (FMI) se encontraba trabado por una serie de condiciones que el organismo internacional consideraba ineludibles: la cotización del dólar, la necesidad de una corrección cambiaria significativa y, en definitiva, el marco para el levantamiento del cepo cambiario. Este último punto fue el eje de una tensa negociación que se extendió hasta la madrugada del viernes, en la que el FMI marcó la cancha, fijó el ritmo y terminó inclinando la balanza a su favor.

De acuerdo a fuentes cercanas a la negociación, el equipo económico liderado por el ministro Luis Caputo pretendía establecer un techo en la banda de flotación cambiaria bastante más bajo al que finalmente se acordó. Sin embargo, el Fondo fue tajante: el valor debía ser 1400 pesos, o no habría financiamiento. “Es 1400 o no hay desembolso. Si no se respeta ese número, se van a quemar todas las reservas que les damos para frenar corridas cambiarias”, fue la frase lapidaria que descolocó a los negociadores argentinos. Para quienes estuvieron en la mesa de discusión, no hay lugar a dobles interpretaciones: lo que el FMI impuso fue una devaluación directa.

El momento más crítico del Gobierno

La presión fue tal que, luego de horas de debate, Javier Milei no tuvo más remedio que aceptar las condiciones. “Estamos jugados, dale”, habría dicho el Presidente al comprender que no había margen de maniobra ante la inflexibilidad del organismo que dirige Kristalina Georgieva. Caputo, atrapado entre la urgencia y la imposibilidad de imponer su plan original, trasladó rápidamente el mensaje a bancos, operadores bursátiles e inversores durante la mañana del sábado, buscando apaciguar los ánimos ante un lunes que se anticipa agitado. Una maniobra similar había sido realizada antes de la devaluación de diciembre de 2023.

En esos encuentros, desde el entorno del ministro dejaron entrever que uno de los principales temores no pasa sólo por la volatilidad financiera, sino por la creciente demanda de dólares físicos por parte de la ciudadanía. Desde Hacienda, alguien con conocimiento del asunto reveló que las restricciones que limitan la compra de divisas a apenas 100 dólares mensuales no buscan combatir operaciones de lavado, sino evitar imágenes de personas haciendo filas en los bancos para comprar dólares: una postal que ningún gobierno quiere ver multiplicada en los noticieros.

Jugados y sin margen: el equipo económico en jaque

En un contexto político debilitado y con la inflación acechando, tanto Milei como Caputo llegaron a la mesa de negociación en su punto más bajo. El Presidente había sugerido un tipo de cambio inicial de 1150 pesos, apenas 20 más que el dólar Blend —la opción de liquidación para los exportadores agropecuarios—, bajo la premisa de que “los precios ya están ajustados a ese valor”. En consecuencia, se propuso un techo de 1250 pesos.

Pero el Fondo fue inflexible. Argumentaron que si el dólar informal (blue) ronda los 1400 pesos y los financieros (MEP y CCL) lo igualan o superan, entonces ese debía ser el techo. “Todos los sectores ya están trabajando con ese valor, desde comerciantes hasta productores y exportadores”, sentenció un negociador del FMI. Para ellos, la devaluación ya estaba asumida en los precios y no tenía sentido construir una ficción sobre un dólar más bajo.

Una intervención limitada y la amenaza inflacionaria

Aunque se vendió públicamente que el FMI permitiría intervenir en el mercado si el tipo de cambio superaba los 1400 pesos, la realidad es más compleja. El organismo exigió que antes de recurrir a las reservas, se implementen políticas económicas que reduzcan la brecha cambiaria. Es decir, que el Banco Central no actúe de inmediato ante cualquier movimiento brusco.

La inflación, uno de los grandes flagelos de la economía argentina, sigue siendo un punto de enorme preocupación. Caputo delegó en su vice, el chileno José Luis Daza, la tarea de calmar las aguas. Daza aseguró que la inflación “va a ser cero”, una afirmación que suena más a declaración de intenciones que a un diagnóstico realista. Sus declaraciones fueron vistas por muchos como las de un boxeador que, aturdido por los golpes, insiste en seguir peleando a pesar de no encontrar el rumbo.

El campo espera señales más firmes

Otro factor clave es la actitud del sector agroexportador. En el Palacio de Hacienda se esperaban ingresos masivos de divisas producto de la liquidación de la cosecha gruesa. Pero los productores no se muestran dispuestos a vender bajo las condiciones actuales. Aguardan a que el mercado confirme que el nuevo techo del dólar es real. “Vamos a esperar a ver qué pasa”, coinciden. Para muchos, vender en este escenario sin certezas sería malvender.

Errores, filtraciones y desinteligencias

Como si fuera poco, la gestión del acuerdo con el FMI estuvo marcada por la desorganización. Apenas tres días antes del anuncio, un alto funcionario aseguró en la Casa Rosada que el cepo sería eliminado. Eso generó expectativas y movimientos en el mercado. El viernes, el Banco Central vendió 400 millones de dólares a una cotización de 1000 pesos, a compradores que el lunes podrían obtener ganancias descomunales con el nuevo tipo de cambio. ¿Quiénes accedieron a esa ventana privilegiada? La interna familiar en el entorno de Caputo sumó otro capítulo de tensión al escándalo.

Conclusión: un tablero volátil y una economía condicionada

El Gobierno de Javier Milei, pese a haber recibido apoyo político y financiero por parte de Estados Unidos, el FMI y otros organismos multilaterales, enfrenta un panorama complicado. La incertidumbre cambiaria, el impacto inflacionario de una devaluación abrupta y las dudas del sector agroexportador constituyen un cóctel difícil de administrar.

Con escaso margen de maniobra, el Ejecutivo queda a merced de las condiciones externas y de su propia capacidad de ejecutar una estrategia coherente en un escenario de alta fragilidad. La pregunta que sobrevuela ahora es si esta concesión al FMI traerá estabilidad o solo postergará una nueva tormenta.

Comentarios
Volver arriba