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Trump endurece aranceles a China mientras alivia tensiones con el resto del mundo

El mandatario estadounidense escaló los impuestos a productos chinos al 125%, en una maniobra que analistas interpretan como un intento de reconfigurar el orden económico global

Trump endurece aranceles a China mientras alivia tensiones con el resto del mundo

El mandatario estadounidense escaló los impuestos a productos chinos al 125%, en una maniobra que analistas interpretan como un intento de reconfigurar el orden económico global

El presidente Donald Trump anunció este miércoles una controvertida medida comercial: elevó los gravámenes a las importaciones chinas hasta un 125%, mientras pospuso por 90 días los incrementos previstos para el resto de las naciones, fijando un arancel general del 10%. La decisión, justificada como una respuesta a las "prácticas desleales" de Pekín, fue celebrada por el mandatario como un triunfo de su política económica, aunque especialistas advierten que busca reinstalar una dinámica bipolar, con Estados Unidos al mando de Occidente, incluidos aliados como Japón.

Mercados en vilo y sospechas de manipulación

La forma en que Trump comunicó la medida —primero a través de su cuenta en X (@TrumpDailyPosts) y luego mediante un comunicado oficial— generó fuerte volatilidad en los mercados. Acciones y bonos experimentaron fluctuaciones históricas en cuestión de horas, lo que despertó recelos sobre posibles operaciones con información privilegiada.

"No tengo pruebas, pero tampoco dudas: hoy Trump hizo millonarios a varios antes de anunciar su decisión. La SEC debería investigar quiénes compraron en baja y vendieron con el repunte", afirmó una fuente financiera cercana a El Destape.

En su publicación, el republicano acusó a China de "estafar a EE.UU. y al mundo" y defendió el alza arancelaria como un correctivo. Paralelamente, ofreció un respiro a otros 75 países, argumentando que mostraron "voluntad de negociar" en temas como barreras comerciales y manipulación cambiaria.

La estrategia oculta: aislar a Pekín

Analistas coinciden en que el verdadero objetivo de Washington es forzar a China a retaliar, lo que la dejaría en una posición débil frente a otros bloques occidentales. De hecho, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, confirmó que las próximas negociaciones se centrarán en Vietnam y Japón, con el fin de consolidar un frente común contra el gigante asiático.

Mientras tanto, el primer ministro chino, Li Qiang, intentó tender puentes con la Unión Europea, proponiendo a su presidenta, Ursula von der Leyen, "garantizar estabilidad global". No obstante, se espera que Bruselas ceda a la presión de Trump y eleve sus propios aranceles a productos chinos, reservando mercados para empresas estadounidenses.

La Cancillería china rechazó las acusaciones: "No permitiremos que nadie arrebate nuestro derecho al desarrollo ni socave nuestra soberanía", declaró su portavoz. Sin embargo, Pekín enfrenta un desafío mayor: la falta de reciprocidad incluso en su zona de influencia, donde solo Rusia e Irán le brindan apoyo firme.

El Canal de Panamá, otro frente de batalla

La tensión se extendió al controvertido tema del Canal de Panamá. China acusó a EE.UU. de buscar "pretextos para controlar la vía marítima", mientras Panamá —aliado tradicional de Washington— evalúa revisar concesiones a favor de intereses estadounidenses.

Bessent, en un discurso ante la American Banker Association, vinculó la política comercial con la "seguridad nacional", prometiendo desmantelar la dependencia de China en cadenas de suministro críticas y priorizar a la clase trabajadora: "Wall Street tuvo su época. Ahora es el turno del sueño americano".

La incógnita de los BRICS

Pekín aún no reaccionó oficialmente a la medida, pero su silencio refleja un cálculo estratégico. La atención ahora está puesta en cómo responderán India, Brasil y Sudáfrica, socios clave en los BRICS que, por ahora, optan por la cautela.

Mientras Trump capitaliza el movimiento como una victoria, la comunidad financiera se prepara para más turbulencias. Lo que parece una pulseada comercial podría ser, en realidad, el primer capítulo de una reorganización geoeconómica sin precedentes.

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