
Villarruel apuesta al interior en medio de tensiones con Milei
La vicepresidenta priorizó su agenda en Catamarca tras ausentarse en el acto por el atentado a la AMIA y enfrentar críticas por diferencias con el Presidente.
En un gesto que contrasta con los recientes roces en la cúpula del Gobierno, la vicepresidenta Victoria Villarruel optó por alejarse del epicentro político y viajar a Catamarca, donde fue recibida por el gobernador Raúl Jalil. Su visita coincide con el tradicional Festival del Poncho, un evento que la titular del Senado no quiso perderse y al que definió como una celebración a la que le profesa un “especial afecto”.
“Es una fiesta que guarda un lugar importante en mi corazón y aspiro a participar todos los años. Admiro la calidez y el espíritu de su gente”, manifestó Villarruel durante su recorrido por la Feria de Artesanos y los distintos pabellones del encuentro cultural. Sus declaraciones resaltaron su intención de mantener un vínculo cercano con las provincias, en una aparente contraposición a las críticas que ella misma ha dirigido hacia el oficialismo por los recortes en los haberes jubilatorios y los gastos en viajes internacionales.
La agenda de la vicepresidenta incluyó un encuentro protocolar en Casa de Gobierno, donde estuvo acompañada por el vicegobernador Rubén Dusso y otras figuras locales. Previamente, había sido recibida por el ministro de Gobierno, Seguridad y Justicia, Fernando Monguillot, y la presidenta de la Cámara de Diputados, Paola Fedeli.
Sin embargo, no todo fue cordialidad durante su estadía. Al arribar a la provincia, Villarruel enfrentó preguntas incómodas de la prensa local sobre el malestar de Javier Milei tras la aprobación en el Senado del aumento previsional, una medida que generó fricciones en la coalición oficialista. “Hoy es la Fiesta del Poncho. Todo lo demás puede esperar”, respondió la vicepresidenta, tratando de eludir el tema. Pero el clima de tensión se intensificó cuando un simpatizante del Presidente la interceptó y la acusó de “traicionar” a sus votantes.
El episodio refleja las crecientes diferencias en el Gobierno, mientras Villarruel parece buscar consolidar su presencia en el interior como contrapeso a las polémicas nacionales. Su decisión de ausentarse en el acto por el aniversario del atentado a la AMIA, sumada a este viaje, reaviva el debate sobre su estrategia política en un contexto de creciente desgaste interno.