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Daniel Noval: “No le veo salida en el corto plazo”

La Cámara de la Construcción advirtió sobre la caída de la obra pública, el impacto en el empleo y la falta de perspectivas de reactivación en la provincia.

Daniel Noval: “No le veo salida en el corto plazo”

La Cámara de la Construcción advirtió sobre la caída de la obra pública, el impacto en el empleo y la falta de perspectivas de reactivación en la provincia.

El presidente de la Cámara de la Construcción de Tierra del Fuego, Daniel Noval, trazó un panorama crítico para el sector y aseguró que la actividad atraviesa uno de sus momentos más delicados, golpeada por la paralización de la obra pública en Tierra del Fuego, la retracción de la inversión privada y la falta de previsibilidad.

En declaraciones a FM La Isla, Noval explicó que el deterioro del sector viene de arrastre, pero se profundizó con la interrupción del financiamiento nacional para obras de envergadura. Según indicó, durante años la provincia sostuvo buena parte de su movimiento a partir de proyectos financiados por Nación, una dinámica que dejó de funcionar y obligó a muchas empresas a buscar alternativas para sostenerse.

“Las constructoras estamos pasando un momento muy complicado”, afirmó. En ese marco, señaló que varias firmas tuvieron que reinventarse y salir a buscar opciones en la obra privada o incluso recurrir a inversión propia para mantener cierta actividad, aunque dejó en claro que ese camino no alcanza para compensar la caída de la obra pública.

La situación también alcanza a la obra privada en Tierra del Fuego, que, lejos de convertirse en un refugio para el sector, también muestra signos de fuerte retracción. “La gente no llega a fin de mes, difícilmente pueda invertir en ampliar o construir”, explicó, al describir cómo la crisis económica también afecta las decisiones de las familias y de quienes antes sostenían pequeñas obras particulares.

A ese cuadro se suma el aumento de costos. Noval remarcó que los materiales se encarecieron de manera considerable y que construir hoy resulta mucho más difícil, incluso en un contexto donde se habla de cierta estabilidad macroeconómica. En la práctica, sostuvo, el valor del metro cuadrado y de los insumos sigue complicando tanto a empresas como a particulares.

El titular de la Cámara marcó además diferencias entre ciudades. En Ushuaia, dijo, todavía existe algo más de movimiento vinculado a la inversión privada y al turismo, mientras que en Río Grande el escenario es más duro. Aun así, aclaró que ni siquiera esa mayor dinámica en la capital provincial alcanza para absorber la mano de obra desplazada de la obra pública.

Uno de los puntos más sensibles de la entrevista fue el empleo dentro de la industria de la construcción en Tierra del Fuego. “Las empresas están aguantando como pueden”, expresó Noval, al referirse a la dificultad de sostener estructuras en un contexto de caída prolongada de la actividad. En muchos casos, explicó, se trata de trabajadores con décadas dentro de una misma firma, personal formado durante años y difícil de reemplazar.

“Hay operarios que llevan 25 o 30 años dentro de la empresa”, señaló, y remarcó que para un empresario no es sencillo desprenderse de ese capital humano. Sin embargo, reconoció que no todos tienen esa posibilidad. También hay trabajadores que quedan afuera del circuito formal y deben reubicarse haciendo changas, buscando otras tareas o intentando sostenerse como pueden.

En esa línea, Noval describió un cambio de época para el sector. Durante años, Tierra del Fuego se caracterizó por recibir al trabajador golondrina que llegaba por temporada en busca de empleo en la construcción. Hoy, aseguró, ocurre lo contrario: “Son más los que se van que los que llegan”.

Consultado por una eventual recuperación, no dejó margen para el optimismo. “No hay una visualización. No le veo salida en el corto plazo”, respondió, al sintetizar la falta de señales concretas de reactivación para los próximos meses.

El dirigente también introdujo un componente político al analizar por qué no aparecen fondos ni programas que permitan revertir la situación. A su entender, cuando la discusión por el financiamiento se mezcla con la política, se vuelve todavía más difícil destrabar recursos. En ese punto, planteó que la falta de acuerdos repercute directamente en las provincias y, por lo tanto, en la continuidad de la infraestructura en Tierra del Fuego.

Además, aportó datos concretos que reflejan la profundidad de la crisis. La última licitación de viviendas impulsada por el IPV en la provincia fue en 2021 y desde entonces no se lanzaron nuevos procesos de esa magnitud. “Todavía se están terminando obras de esa licitación”, explicó.

Ese dato resume buena parte del problema: obras pensadas para ejecutarse en un año y medio o dos terminaron extendiéndose durante casi cuatro años. No por ampliación de planes ni por nuevas etapas, sino por la necesidad de ralentizar los trabajos para sostener un mínimo de personal y llegar al final de manera decorosa.

Frente a ese panorama, las empresas buscaron sostenerse renegociando condiciones con el IPV. “Lo que se hizo fue aguantar”, resumió Noval, al explicar que se bajó el ritmo de ejecución para poder conservar parte de la estructura laboral mientras se avanzaba, lentamente, sobre unas 350 viviendas todavía en marcha.

En paralelo, el sector explora alternativas de financiamiento local. El dirigente confirmó conversaciones con el sistema bancario para analizar herramientas que permitan mover algo del mercado interno, aunque también dejó planteado el límite de esa salida: si no hay perspectiva de trabajo a futuro, el empresario difícilmente tome deuda para ampliar capacidad o comprar equipamiento.

“Si no ves que hay trabajo a futuro, ¿para qué te vas a endeudar?”, planteó.

De este modo, Noval dejó un diagnóstico crudo sobre el presente de la construcción en Tierra del Fuego: caída de la obra pública, retracción de la inversión privada, deterioro del empleo, obras demoradas y ausencia de señales concretas de recuperación.

“Lo que está pasando es muy complejo”, concluyó.

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